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XVIII. Cómo llegué al Espacio y qué vi allí

diferente al de aquellos en Planilandia. Si fuera un Círculo, podrías discernir mis intestinos, mas soy un ser compuesto, como te dije antes, de muchos Círculos, el Muchos en el Uno, llamado en este país una Esfera. Y, así como el exterior de un Cubo es un Cuadrado, el exterior de una Esfera presenta la apariencia de un Círculo.

Perplejo como estaba por el enigmático enunciado de mi maestro, ya no me rebelaba contra él, sino que lo veneraba con silenciosa adoración. Él continuó, con mayor suavidad en la voz: «No te angusties si al principio no puedes comprender los misterios más profundos de Espaciolandia. Poco a poco irán amaneciendo para ti. Comencemos por echar una mirada atrás, a la región de donde vienes. Vuelve conmigo un momento a las llanuras de Planilandia, y te mostraré aquello sobre lo que a menudo has razonado y pensado, pero que nunca has visto con el sentido de la vista: un ángulo visible».

—¡Imposible! —exclamé; pero, abriéndome paso la Esfera, la seguí como en un sueño, hasta que de nuevo su voz me detuvo—: Mira hacia allá, y contempla tu propia casa pentagonal y a todos sus moradores.

Miré hacia abajo, y vi con mi ojo físico toda esa individualidad doméstica que hasta entonces me había limitado a inferir con el entendimiento. ¡Y qué pobre y nebulosa era la conjetura inferida en comparación con la realidad que ahora contemplaba! * Mis cuatro hijos plácidamente dormidos en las habitaciones del Noroeste, mis dos nietos huérfanos hacia el Sur; los criados, elmayordomo, mi hija, todos en sus respectivos aposentos. * Solo mi afectuosa esposa, alarmada por mi prolongada ausencia, había abandonado su habitación y deambulaba de un lado a otro por el Vestíbulo, aguardando con ansiedad mi regreso. * Asimismo el Paje, despertado por mis gritos, había dejado su cuarto y, con el pretexto de averiguar si me había desmayado en alguna parte, hurgaba en el armario

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