civilización». Luego, dirigiéndose a mí en un tono más alto, exclamó apresuradamente: «Escucha: ningún extranjero debe presenciar lo que has presenciado. Envía a tu esposa de regreso al instante, antes de que entre en el apartamento. El Evangelio de las Tres Dimensiones no debe ser frustrado así. No deben tirarse así por la tierra los frutos de mil años de espera. La oigo venir. ¡Atrás! ¡Atrás! ¡Apártate de mí, o tendrás que venir conmigo —a donde no sabes—, a la Tierra de las Tres
“¡Necio! ¡Loco! ¡Irregular! —exclamé—; jamás te dejaré libre; pagarás la pena de tus imposturas”.
“¡Ja! ¿A esto hemos llegado?”, tronó el Extranjero: “¡Pues afronta tu destino: fuera de tu Plano te vas. Una, dos, tres veces! ¡Hecho!”.