Codal
nydus/Short FictionPublic
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XIV

hombre la mirara; y al mirarla, comenzó a temblar por dentro en su necio cuerpo, y a preguntarse si no se habría equivocado. Alzó la mano en señal de saludo y dijo:

—Le ruego me disculpe, señorita, pero tengo órdenes estrictas de no dejar pasar a ningún niño bajo ningún concepto por las puertas del palacio. Me dicen que su majestad el rey dice estar harto de niños.

—¡Bien puede estar harto de mí! —pensó la princesa—; pero eso no puede significar que no quiera que vuelva a casa.⁠—No creo que se me pueda llamar niña con propiedad —dijo, mirando al centinela fijamente a la cara.

—No es muy grande, señorita —respondió el soldado—, pero puesto que dice que no es una niña, correré el riesgo. El rey solo puede matarme, y un hombre ha de morir una vez.

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