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nydus/Short FictionPublic
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XI

¡Siseo!

El placer de la princesa en el lago se había convertido en una pasión, y apenas podía soportar estar fuera de él ni por una hora.

Imagina entonces su consternación cuando, buceando con el príncipe una noche, una súbita sospecha se apoderó de ella de que el lago no era tan profundo como solía ser. El príncipe no cabía en sí de asombro sobre lo que había pasado.

Salió disparada a la superficie y, sin decir una palabra, nadó a toda velocidad hacia el lado más alto del lago. Él la siguió, rogándole que le dijera si estaba enferma o qué pasaba. Ella jamás volvió la cabeza ni prestó la menor atención a su pregunta.

Al llegar a la orilla, bordeó las rocas con minuciosa inspección. Pero no fue capaz de llegar a una conclusión, pues la luna era muy pequeña y por eso no podía ver bien. Así pues, dio media vuelta y nadó a casa, sin decir una palabra para explicar su conducta al príncipe, de cuya presencia parecía ya no ser consciente. Él se retiró a su cueva, con gran perplejidad y angustia.

Al día siguiente hizo muchas observaciones que, ¡ay!, vinieron a confirmar sus temores. Vio que las orillas estaban demasiado secas, y que la hierba de la ribera y las trepadoras de las rocas se marchitaban. Mandó hacer marcas a lo largo de los bordes y las examinó, día tras día, con todas las direcciones del viento; hasta que al fin la horrible idea se convirtió en un hecho cierto: la superficie del lago estaba descendiendo lentamente.

La pobre princesa casi pierde el poco juicio que tenía. Le resultaba horrible ver el lago, al que amaba más que a cualquier ser vivo, morir ante

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