Codal
nydus/Short FictionPublic
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I

Y esté muy lejos de mí negarlo. Iré incluso tan lejos como para afirmar que en este país extraño había una enorme cantidad de Alguien. De hecho, una de sus rarezas era que cada muchacho y muchacha en él era demasiado propenso a pensar que él o ella era Alguien; y lo peor del caso era que a la princesa jamás se le pasaba por la cabeza que pudiera haber más de un Alguien, y esa era ella misma.

Muy lejos, hacia el norte, en ese mismo país, en la ladera de una colina sombría, donde jamás se vio un castaño de Indias ni un sicomoro, donde no había prados ricos en ranúnculos, sino solo pendientes empinadas, ásperas y ventosas, cubiertas de aulagas secas y espinosas con sus flores de oro rojo, o de retama más húmeda y suave con sus flores de oro amarillo, y grandes extensiones de brezo morado, mezclado con arándanos silvestres, camariñas y arándanos rojos⁠—no, voy del todo equivocada: aún no había brotado nada más que unas cuantas flores de aulaga; los demás esperaban todos tras sus puertas hasta que los llamaran; y ningún río caudaloso y de curso lento con reina de los prados a lo largo de sus orillas fangosas, solo algún que otro arroyuelo por aquí y por allá, que pasaba a toda prisa sin un momento para decir: «¿Cómo está?»⁠—allí (¿lo creeríais?), mientras la misma nube que dejaba caer una lluvia dorada en torno al nuevo bebé de la reina arrojaba puñados de granizo enorme y feroz sobre las colinas, con tanta fuerza que salían rebotando y dando vueltas de las rocas y las piedras, se metían hurgando en la lana de las ovejas, picaban las mejillas y la barbilla del pastor con sus pequeños golpes agudos y maliciosos, y hacían que su perro parpadeara y gimiera al rebotar en su dura y sabia cabeza y en su largo y sagaz hocico; solo que, cuando caían de golpe por la chimenea y caían chisporroteando en el fueguecito, allí las pagaban, pues el avispado fueguecito no tardaba en enviarlas de vuelta chimenea arriba, bastante hinchadas y de lo más inofensivas por un buen rato, allí (¿qué os parece?), entre el granizo, el brezo y el frío aire de la montaña, nació otra niña a quien el pastor, su padre, y la pastorienta, su madre, y también bastantes de sus parientes, consideraban Alguien.

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