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nydus/Short FictionPublic
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Stephen Archer

Entretanto, el domingo después del nombramiento de Charley, Archer, sentado en su banco, buscó por toda la capilla el cumplimiento de la parte del acuerdo que le correspondía a Sara, a saber, su presencia. Pero no pudo verla en ninguna parte.

El caso era que su promesa había sido tan fácil que apenas había vuelto a pensar en ella después, al no sospechar que Stephen le concediera ninguna importancia a su cumplimiento y, en realidad, sin saber dónde estaba la capilla. Se había apañado para comprar un retal de algo de ínfima categoría y, mientras Stephen la buscaba en la capilla, ella le estaba haciendo una chaqueta a Charley.

Muy decepcionado, y principalmente, según creo, por no haber cumplido su palabra, Stephen fue por la tarde a visitarla.

La encontró trabajando como antes, y ahorrando tiempo al tomar su almuerzo mientras laboraba, pues un trozo de pan yacía sobre la mesa junto a su codo, y a su lado un poco de azúcar moreno para hacer pasar el pan. La visión le llegó al corazón a Stephen, porque acababa de almorzar cordero asado con patatas, regado con su media pinta de cerveza negra.

“¡Sara —dijo solemnemente—, prometiste venir a nuestra capilla y no has cumplido tu palabra!”

Jamás se le ocurrió que «nuestra capilla» no fuera el punto de referencia de la región.

“Oh, señor Archer⁠ —respondió ella⁠—, no sabía que le interesara. Pero —añadió, levantándose y haciendo a un lado el pan para hacer sitio a su labor⁠—, me pondré el sombrero ahora mismo”. Luego se detuvo y agregó: “¡Oh! Perdone, señor... ¡Qué desaliñada voy! No podría dejarse ver con alguien como yo”.

Esto conmovió la caballerosidad de Stephen, y algo más profundo que la caballerosidad. No había tenido intención de caminar con ella.

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