CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Short FictionPublic
Page 25 of 837
Table of Contents

II

Al poco rato, un poco más adelante, la princesa divisó una cabaña encalada, que brillaba a la luz de la luna. A medida que se acercaban, vio que el techo estaba cubierto de paja, sobre la cual el musgo había crecido verde. Era un lugar muy sencillo y humilde, que no tenía nada de terrible a la vista, y sin embargo, tan pronto como lo vio, su miedo volvió a despertar y siempre, en cuanto su miedo despertaba, la confianza de la princesa caía en un sueño profundo. Por tonta e inútil que a estas alturas ya debiera saber que era, una vez más comenzó a dar patadas y a gritar, por lo que, una vez más, la sabia mujer la dejó en el brezal, a pocos metros de la parte trasera de la cabaña, y diciendo tan solo: «Nadie entra jamás en mi casa sin llamar a la puerta y pedir entrar», desapareció doblando la esquina de la cabaña, dejando a la princesa a solas con la luna: dos rostros blancos en el cono de la noche.

25