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nydus/Short FictionPublic
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VII

En el momento en que la odió, comprendió con una náusea repelente que la niña no era otra, sino su Yo, su Alguien, y que ahora estaba encerrada con ella por los siglos de los siglos; jamás volvería a estar sola ni por un solo instante. En su agonía de desesperación, el sueño descendió sobre ella, y se durmió.

Cuando despertó, ahí estaba la pequeña, descuidada, fea, miserable, contemplándose los dedos de los pies.

De repente, la criatura empezó a sonreír, pero con una expresión tan odiosa y autosuficiente que a Agnes le dio vergüenza verla.

Luego comenzó a darse palmaditas en las mejillas, a acariciarse el cuerpo y a examinar las puntas de los dedos, asintiendo con la cabeza llena de satisfacción.

Agnes sintió que no podía existir otra criatura tan aborrecible y simiesca, y al mismo tiempo era perfectamente consciente de que ella solo estaba haciendo fuera de sí lo que ella misma había estado haciendo, desde que tenía uso de razón, dentro de sí.

Se sentía enferma de sí misma y con gusto habría desaparecido de la faz de la tierra, pero durante tres días la odiosa compañía continuó.

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