algunos tramos, pero mayormente nivelada. Ya no les extrañaba no haber podido adivinar qué era, pues aquella superficie estaba por todas partes repleta de sombras. La masa se componía principalmente de sombras de innumerables hojas, de formas hermosas e imaginativas, que se mecían de aquí para allá, flotando y temblando al soplo de una brisa cuyo movimiento no se sentía y cuyo sonido no se oía. Ningún bosque revestía las laderas, ni se veía árbol alguno en ninguna parte, y, sin embargo, las sombras de las hojas, de las ramas y de los troncos de toda clase de árboles cubrían el valle hasta donde alcanzaba su vista. Pronto distinguieron las sombras de flores mezcladas con las de las hojas, y de vez en cuando la sombra de un pájaro con el pico abierto y la garganta dilatada por el canto. A veces aparecían las formas de criaturas extrañas y gráciles, que subían y bajaban por los troncos de sombra y corrían a lo largo de las ramas, para desaparecer en el follaje sacudido por el viento. Mientras caminaban, avanzaban con el agua a las rodillas —por decirlo así— en aquel lago encantador. Pues las sombras no yacían meramente sobre la superficie del suelo, sino que se amontonaban por encima de este como formas tangibles de oscuridad, como si hubieran sido proyectadas sobre mil planos diferentes del aire. Tangle y Mossy alzaban la cabeza a menudo y miraban hacia lo alto para divisar de dónde venían las sombras; pero no veían más que una bruma luminosa extendida sobre ellos, más alta que las cumbres de las montañas, que se recortaban nítidas contra ella. No se veían bosques, ni hojas, ni pájaros.
Al cabo de un rato llegaron a espacios más abiertos, donde las sombras eran más tenues; y llegaron incluso a zonas sobre las cuales las sombras apenas aleteaban, dejándolas despejadas para cuantos pudieran seguir.