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nydus/Short FictionPublic
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XIV

intentaba hacer. Pero ella lo dejó, y bajando los escalones de un trono y subiendo los del otro, empezó a besar a continuación a la reina. Pero la reina exclamó:

¡Apártate, gran niña grosera! —¿Nadie se la lleva al potro de tormento?

Entonces la princesa, apenas sabiendo lo que hacía de alegría por haber llegado a tiempo, bajó corriendo los escalones del trono y del estrado, y colocándose entre el pastor y la pastora, tomó una mano de cada uno, y se quedó mirando al rey y a la reina.

Sus rostros empezaron a cambiar. Al fin comenzaron a reconocerla. Pero estaba tan cambiada —tan encantadoramente cambiada— que no era de extrañar que no la hubieran reconocido al primer vistazo; mas fue culpa del orgullo, la cólera y la injusticia de que sus corazones estaban llenos que no la reconocieran al segundo.

El rey miraba y la reina miraba, ambos medio levantados de sus tronos, y con el aspecto de estar a punto de abalanzarse sobre ella, con tal de estar bien seguros de que la muchacha harapienta era su propia hija. ¡Un error habría sido algo tan terrible!

—¡Mi vida! —gritó por fin la madre, con un leve dejo de duda.

—¿Mi consentida de entre las consentidas? —exclamó el padre, con un matiz interrogativo en el tono.

Otro momento, y ya iban por la mitad de las escaleras del estrado.

—¡Alto! —dijo una voz de mando desde algún rincón del vestíbulo, y, por mucho rey y reina que fueran, se detuvieron de golpe a mitad de camino, luego se estiraron, miraron fijamente y empezaron a enfadarse de nuevo, pero no osaron avanzar más.

La mujer sabia subía lentamente a través de la multitud que llenaba el salón. Todos le abrieron paso. Siguió derecho hasta pararse frente al rey y

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