La luna miraba a la princesa, y la princesa miraba a la luna; pero la luna llevaba las de ganar, y la princesa se echó a llorar.
Y ahora el dilema era entre la luna y la cabaña. La princesa creía conocer lo peor de la luna, y no sabía absolutamente nada acerca de la cabaña, por lo que se quedaría con la luna.
Curioso, ¿verdad?, que hubiera estado tanto tiempo con la mujer sabia y, sin embargo, no supiera nada de aquella cabaña. En cuanto a la luna, de ningún modo conocía lo peor de ella, ni siquiera que, si se quedaba dormida donde pudiera encontrarla, la vieja bruja sin duda haría todo lo posible por desfigurarle el rostro.
Pero apenas había estado sentada un momento más, cuando fue asaltada por toda clase de nuevos temores.
- En primer lugar, el viento suave que soplaba levemente entre los tallos secos del brezo y sus miles de campanitas producía un dulce murmullo, que la princesa tomó por el siseo de serpientes, pues ya sabéis que se habíaportado mal durante tanto tiempo que en muchas cosas no sabía distinguir lo bueno de lo malo.
- Luego, nadie podía negar que allí, en torno al brezo, como un anillo de oscuridad, se extendía el sombrío pinar, y la princesa sabía de qué estaba lleno, y de vez en cuando le parecía oír los aullidos de sus lobos y hienas.
- Y quién podía decir si alguno de ellos saldría de su guarida y cruzaría como una sombra el brezo.
En verdad, no fue una ni dos veces que por un instante estuvo plenamente convencida de que veía a una gran bestia venir saltando y brincando a la luz de la luna para apoderarse de ella por completo.