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nydus/Short FictionPublic
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Mucho más valiosas que las piedras preciosas

Uno de los mejores resultados para él de su constante esfuerzo por evitar los celos es que todavía es capaz de escribir poesía, y sigue encontrando en ella más placer que al contar sus relatos. Y para él, su propia prueba del éxito de cualquiera de sus libros sigue siendo el grado en que lo disfrutó él mismo mientras lo escribía.

Su hacienda hacía tiempo que se había esfumado, y a menudo se había visto en estrecheces desde entonces; pero siempre había sabido sacar provecho de esas estrecheces, y jamás había vuelto a sentir como si unos muros lentos se cerraran sobre él para aplastarlo. Y tenía la esperanza, con la ayuda de Dios y la de Annie, de salir adelante por fin, sin haber deshonrado jamás su noble vocación.

La última vez que lo vi, me presentó a su mujer —habiéndome contado recién la historia de ambos— con estas palabras bastante enigmáticas:

“Esta es mi mujer. No la podéis ver muy bien porque, como Hamlet, la llevo «en el fondo de mi corazón, ¡sí, en el centro de mi corazón!»”.

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