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nydus/Short FictionPublic
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Un asombro

Al padre le preocupaba un poco que ella no se interesara por su hijo: cierta eclosión había comenzado en la masa Aparentemente muerta del afecto humano que había yacido tanto tiempo descuidada en su ser, y le parecía extraño que, mientras él vivía para el niño en la Ciudad, ella se mostrara tan indiferente ante él en casa. Pues ya había comenzado a cumplir su promesa, ya se notaba en la Ciudad su mayor agudeza en los negocios. Pero auguraba poco bien para ambos que el don de Dios despertara en él la adoración a Mamón. Más hijos son condenados por el dinero de sus padres que por cualquier otra cosa que exista fuera de ellos mismos.

Cabe aducir en favor de la señora Dempster que seguía estando muy lejos de recuperar las fuerzas, y su marido lo hacía: lo habría hecho con más entusiasmo si él mismo hubiera sabido alguna vez en su vida lo que era estar enfermo. Con el tiempo, sin embargo, se fue fortaleciendo hasta el punto de que, para quienes no la hubieran conocido antes, habría parecido gozar de una salud tolerable.

Durante una semana o dos después de que volvió a andar por la casa, siguió amamantando al bebé, pero pasado ese tiempo le fue imposible hacerlo y, con ello, comenzó a descuidarlo por completo.

Jamás pidió verlo y, cuando la nodriza se lo llevaba, volvía la cabeza hacia un lado y le decía que se lo llevara. Tan lejos estaba de serle una fuente de alegría, que la mera vista del niño le hacía brotar el rocío caliente en la frente.

Su marido frunció el ceño y se quedó extrañado, pero, poco acostumbrado a abrir su mente ni a ella ni a nadie, con no poca sensatez procuró comprender el asunto antes de hablar de él y, entre tanto, dio comienzo a un sincero intento de compensar al bebé por la negligencia de su madre.

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