Codal
nydus/Short FictionPublic
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VII

No obstante las diferencias entre las dos muchachas, que eran, en verdad, tantas que la mayoría de la gente habría dicho que no se parecían en lo más mínimo, eran iguales en esto: a cada una le importaban más sus propias fantasías y deseos que cualquier otra cosa en el mundo.

Pero te diré otra diferencia: la princesa era como varios niños en uno⁠—tal era la variedad de sus estados de ánimo⁠—; y en uno de ellos no tenía ningún recuerdo ni interés por absolutamente nada perteneciente a un estado de ánimo anterior⁠—ni siquiera si la había dejado hacía apenas un momento, y había sido tan violento como para hacerla dispuesta a meter la mano en el fuego para conseguir lo que quería. Claramente era la mera marioneta de sus estados de ánimo, y más que eso, cualquier niñera astuta que la conociera lo suficiente podía convocar o ahuyentar esos estados de ánimo casi a su antojo, como un titiritero tirando de los hilos detrás de un teatrillo.

Agnes, por el contrario, rara vez cambiaba de humor, sino que mantenía el de una calmada y segura complacencia en sí misma. Ni el padre ni la madre la habían ayudado jamás, mediante un sabio castigo, a obtener una victoria sobre sí misma y a hacer lo que no le gustaba o no elegía; y la necedad de razonar con alguien desrazonado la había arraigado en su presunción.

En realidad, asentía con la cabeza para sus adentros con orgullosa complacencia por haberse plantado frente a ellos. Esto, sin embargo, no era tan difícil como para justificar siquiera el orgullo de haber vencido, dado que los quería tan poco y prestaba tan poca atención a los argumentos y persuasiones que utilizaban.

Tampoco se comportó lo más mínimo como la princesa cuando se vio envuelta en los oscuros pliegues de la capa de la sabia mujer, pues no

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