tocarla. No tocó nada. La niña, también, estiró la mano, pero en dirección contraria a Agnes. Y eso estuvo bien, pues de haber tocado a Agnes la habría matado. Entonces Agnes dijo: «¿Quién eres?». Y la pequeña dijo: «¿Quién eres?». «Soy Agnes», dijo Agnes; y la pequeña dijo: «Soy Agnes». Entonces Agnes pensó que se estaba burlando de ella, y dijo: «Eres fea»; y la pequeña dijo: «Eres fea».
Entonces a Agnes se le acabó la paciencia, y estiró las manos para agarrar a la pequeña; ¡pero he aquí que la pequeña había desaparecido, y se encontró tirándose de su propio cabello!
¡Soltó; y allí estaba la pequeña otra vez! Agnes estaba furiosa ahora, y se abalanzó sobre ella para morderla. Pero clavó los dientes en su propio brazo, y la pequeña había desaparecido—solo para regresar de nuevo; y cada vez que volvía era diez veces más fea que antes.
Y ahora Agnes la odiaba con todo su corazón.