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nydus/Short FictionPublic
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IX

La pastora llevó a Rosamond a casa, le dio un baño caliente en la tina en la que lavaba su ropa blanca, le preparó un poco de pan con leche y, después de que se lo hubo comido, la acostó en la cuna de Agnes, donde durmió todo el resto de ese día y toda la noche siguiente.

Cuando por fin abrió los ojos, fue para ver a su alrededor una cabaña mucho más pobre que la que había dejado —muy austera e incómoda en verdad, bien podría haber pensado; pero había pasado por tantos apuros últimamente, en forma de hambre, cansancio, frío y miedo, que no se encontraba del todo en su habitual estado de ánimo critico, y por lo tanto era capaz de yacer disfrutando del pensamiento de que al fin estaba a salvo, y de que iba a ser alimentada y mantenida abrigada.

La idea de hacer algo a cambio de refugio, comida y ropa, sin embargo, ni siquiera se le pasó por la cabeza.

Pero la pastora era una de ese numeroso grupo que puede ser más prudente en lo que respecta a los hijos de las demás que en cuanto a los propios. A menudo le darán a uno muy tolerables sugerencias sobre cómo debe criar a sus hijos, y criticarán con bastante finura el método que uno intenta llevar a cabo; pero toda su sabiduría se desvanece en palabras, y no queda nada para hacer lo que ellas mismas han dicho. Hay un camino que las palabras jamás encuentran, y es el que conduce a las manos y a los pies de quien habla. Y esa clase de personas nunca parece conocerse a sí misma, ni siquiera cuando leen sobre sí mismas en letra impresa.

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