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nydus/Short FictionPublic
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VII. Las hadas desterradas

Las hadas desterradas

Aquellas hades llevaban mucho tiempo haciendo fechorías. Habían gastado numerosas bromas de mal gusto a los hombres mortales; habían raptado a niños sobre los cuales no tenían ningún derecho; se habían negado a entregarlos cuando se los habían reclamado; incluso habían aterrorizado a infantes en sus cunas y, prueba definitiva de decadencia moral en las hades, habían intentado eludir las obligaciones de su palabra mediante todo tipo de artimañas y falsa lógica.

No fue hasta que hubieron caído tan bajo que su reina comenzó a anhelar el Carasoyn. Ella, ni más ni menos que si hubiera sido una hija de Adán, no podía ser feliz mientras seguía por aquel camino; y, por lo tanto, habiendo oído hablar de sus maravillosas virtudes, y pensando que detendría su creciente miseria, se esforzó por conseguirlo.

Durante cien años lo había intentado en vano. No fue hasta que Colin surgió que tuvo éxito.

Pero el Carasoyn era solo para gente realmente buena, y por eso, cuando la botella de hierro que lo contenía fue destapada, ella y todos sus asistentes se convirtieron repentinamente, por los vapores de este, en hombres y mujeres hadas ancianos. Se alejaron amontonados llorando y lamentándose, y Colin hasta el momento no los había vuelto a ver.

Pues cuando la maldad de cualquier tribu de hadas llega a su punto culminante, el castigo que recae sobre ellos es que se ven obligados a abandonar aquella parte del país donde ellos y sus antepasados han vivido durante más años de los que pueden contar, y a deambular errantes,

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