Hasta los topos parpadeantes les traían de vez en cuando una castaña de tierra o una trufa, hablando como si tuvieran la boca, además de los ojos y los oídos, llena de algodón en rama o de su propio pelaje aterciopelado. Para cuando salieron del bosque, se tenían mucho afecto el uno al otro, y Tangle no lamentaba en lo más mínimo que su abuela la hubiera enviado con Mossy.
A lo largo del camino, los árboles se fueron haciendo más pequeños y distantes, el terreno comenzó a elevarse y se volvió cada vez más empinado, hasta que los árboles quedaron atrás y ambos ascendían por un sendero estrecho con rocas a ambos lados.
De repente dieron con una puerta tosca, por la cual entraron en una galería angosta excavada en la roca. Se volvió cada vez más oscura, hasta que quedó completamente negra, y tuvieron que tantear el camino.
Por fin la luz comenzó a regresar y al fin salieron a un estrecho sendero sobre la pared de un precipicio elevado. Este sendero serpenteaba roca abajo hacia una amplia llanura, de forma circular y rodeada por todos lados de montañas. Las que estaban enfrente quedaban muy lejos y se alzaban a una altura impresionante, disparando pináculos afilados, azules y esmaltados de hielo.
Un silencio absoluto reinaba allí donde se encontraban. Ni siquiera el sonido del agua llegaba hasta ellos.
Mirando hacia abajo, no sabían si el valle que se extendía a sus pies era una llanura herbosa o un gran lago en calma. Jamás habían visto un espacio que se le pareciera. El camino de acceso era difícil y peligroso, pero descendieron por el sendero angosto y llegaron al fondo sanos y salvos. Descubrieron que estaba compuesto de una arenisca lisa y de tonos claros, ondulada en