El sabio no tiene una mente invariable propia; hace de la mente del pueblo su propia mente.
A los que son buenos (conmigo), soy bueno; y a los que no son buenos (conmigo), también soy bueno; —y así (todos) llegan a ser buenos. A los que son sinceros (conmigo), soy sincero; y a los que no son sinceros (conmigo), también soy sincero; —y así (todos) llegan a ser sinceros.
El sabio tiene en el mundo una apariencia de indecisión, y mantiene su mente en un estado de indiferencia hacia todo. El pueblo entero dirige sus ojos y oídos hacia él, y él los trata a todos como a sus hijos.