En este discurso de Confucio tenemos, creo yo, el origen del nombre Laozi, aplicado al maestro del taoísmo. Su significado es «El Viejo Filósofo» o «El Viejo Caballero».
Bien pudo Confucio calificar así a Li Êrh. En la época de esta entrevista, él mismo se encontraba en su año treinta y cinco, y el otro en su ochenta y ocho.
Chʽien añade: «Laozi cultivó el Tao y sus atributos, siendo el objetivo principal de sus estudios el saber cómo mantenerse oculto y permanecer desconocido. Continuó residiendo en (la capital de) Chou, pero tras mucho tiempo, al ver la decadencia de la dinastía, la abandonó y se fue hacia la puerta de la frontera, que conducía fuera del reino por el noroeste».
Yin Hsi, el guardián de la puerta, le dijo: «Estás a punto de retirarte de la vista. Permíteme insistir en que (primero) compongas un libro para mí».
Tras esto, Laozi escribió un libro en dos partes, en el que expuso sus puntos de vista sobre el Tao y sus atributos, en más de 5000 caracteres. Luego se marchó, y no se sabe dónde murió. Era un hombre superior, a quien le gustaba mantenerse desconocido.
Chʽien finalmente rastrea a los descendientes de Lao hasta el siglo I a. C., y concluye diciendo: «Aquellos que se adhieren a la doctrina de Laozi condena la de los letrados, y los letrados por su parte condena a Laozi, verificando el dicho: "Las partes cuyos principios son diferentes no pueden deliberar juntas". Li Êrh enseñó que, al no hacer nada, los demás se transforman naturalmente, y que la rectificación de igual manera se sigue de ser puro y silencioso».
Este bocado es todo cuanto poseemos de relato histórico acerca de Laozi. El relato de la escritura del Tao Te Ching a petición del guardián de la puerta del paso tiene un cariz dudoso y legendario.