Quien se pone de puntillas no se mantiene firme; quien estira las piernas no camina (con facilidad). (Por tanto), quien se exhibe no brilla; quien afirma sus propias opiniones no se distingue; quien se jacta no ve reconocido su mérito; a quien es vanidoso no se le permite ninguna superioridad. Tales condiciones, vistas desde el punto de vista del Tao, son como restos de comida, o un tumor en el cuerpo, que a todos desagradan. De ahí que aquellos que siguen (el curso) del Tao no las adoptan ni las permiten.
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