En su traducción de las Obras de Chuang-Tzŭ en 1881, el señor Balfour adoptó Naturaleza como la traducción habitual del término chino Tao. Afirma: «Cuando se traduce la palabra como el Camino de la Naturaleza—sus procesos, sus métodos y sus leyes; cuando se traduce como Razón, es lo mismo que el li—la fuerza que obra en todas las cosas creadas, produciendo, preservando y dando vida—, el principio inteligente del mundo; cuando se traduce como Doctrina, se refiere a la verdadera doctrina respecto a las leyes y los misterios de la Naturaleza». Llama la atención asimismo sobre el punto de que «utiliza la naturaleza en el sentido de Natura naturans, mientras que la expresión china wan wu (= todas las cosas) denota Natura naturata». Pero esto en realidad equivale al uso metafórico de la naturaleza que se ha mencionado más arriba. Puede reivindicar como sus benefactores a grandes nombres como los de Tomás de Aquino, Giordano Bruno y Spinoza, pero nunca he podido ver que su bárbara fraseología la convierta en algo más que en una figura retórica.
El término Naturaleza, sin embargo, es tan práctico, y a menudo encaja tan apropiadamente en una versión, que si el Tao hubiera tenido alguna vez tal significado, yo no dudaría en emplearlo tan libremente como lo ha hecho el Sr. Balfour; pero como no tiene ese significado, tratar de introducir en él un sentido antinatural solo desconcierta a la mente y oscurece la idea de Laozi.
El propio Sr. Balfour dice: «El significado primario de Tao es simplemente “camino”». Fuera de toda duda, este significado subyace al uso que de él hace el gran maestro del taoísmo y Chuang-tzŭ. Remítase el lector a la versión del capítulo veinticinco del tratado de Lao, y a las notas que se le anexa. Allí el Tao aparece como la causa que opera espontáneamente de todo movimiento en los fenómenos del universo; y lo más cercano que el escritor puede encontrar como nombre para este es «el Gran Tao».