La primera traducción del Tao Te Ching a una lengua occidental fue realizada en latín por algunos de los misioneros católicos romanos, y una copia de la misma fue traída a Inglaterra por un tal Sr. Matthew Raper, F.R.S., quien la presentó a la Sociedad en una reunión celebrada el 10 de enero de 1788 —siendo un obsequio que le hizo P. Jos. de Grammont, Missionarius Apostolicus, ex-Jesuita. En esta versión, el Tao se interpreta en el sentido de «ratio», o la «razón suprema del ser divino, el creador y gobernador».
M. Abel-Rémusat, el primer profesor de chino en París, no parece haber tenido conocimiento de la existencia de la versión mencionada anteriormente en Londres, pero su atención se dirigió hacia el tratado de Lao hacia 1820 y, en 1823, escribió sobre el carácter Tao: «Ce mot me semble ne pas pouvoir être bien traduit, si ce n’est par le mot λόγος dans le triple sense de souverain Être, de raison, et de parole.»
El sucesor de Rémusat en la cátedra de chino, el difunto Stanislas Julien, publicó en 1842 una traducción del tratado completo. Habiendo deducido a partir de su examen, y del de los escritores taoístas más antiguos, tales como Chuang-tzŭ, Ho-kuan Tzŭ y Ho-shang Kung, que el Tao carecía de acción, de pensamiento, de juicio y de inteligencia, concluyó que era imposible entender por este término «la razón primordial o la inteligencia sublime que creó y que gobierna el mundo»,