La (condición de) vacuidad debe llevarse al grado máximo, y la de quietud debe guardarse con vigor incansable.
Todas las cosas por igual atraviesan sus procesos de actividad, y (luego) las vemos retornar (a su estado original).
Cuando las cosas (en el mundo vegetal) han desplegado su crecimiento lujuriante, vemos que cada una de ellas retorna a su raíz.
Este retorno a su raíz es lo que llamamos el estado de quietud; y esa quietud puede llamarse un informe de que han cumplido su fin señalado.
El informe de ese cumplimiento es la regla regular e inmutable.
Conocer esa regla inmutable es ser inteligente; no conocerla conduce a movimientos desenfrenados y a resultados funestos.
El conocimiento de esa regla inmutable produce una (gran) capacidad y paciencia, y esa capacidad y paciencia conducen a una comunidad (de sentimientos con todas las cosas).
De esta comunidad de sentimientos surge una realeza de carácter; y aquel que es como un rey avanza hasta ser como el cielo.
En esa semejanza con el cielo posee el Tao.
Poseedor del Tao, perdura largamente; y hasta el fin de su vida corporal, está exento de todo peligro de decadencia.