El hombre al nacer es flexible y débil; al morir, firme y fuerte. (Así ocurre con) todas las cosas. Los árboles y las plantas, en su temprano crecimiento, son tiernos y quebradizos; al morir, secos y marchitos.
Así es como la firmeza y la fuerza son concomitantes de la muerte; la blandura y la debilidad, concomitantes de la vida.
Por tanto, aquel que confía en la fuerza de sus tropas no conquista; y un árbol que es fuerte llenará los brazos extendidos, (e invita con ello al leñador).
Por lo tanto, el lugar de lo que es firme y fuerte está abajo, y el de lo que es blando y débil está arriba.