“Algunos sostenían que al principio no había nada. Este es el punto extremo, el límite máximo al cual nada puede añadirse.
“Una segunda clase sostenía que había algo, sin que hubiera por parte del hombre un reconocimiento receptivo de ello.
“Una tercera clase sostenía que tal reconocimiento existía, pero que aún no había empezado a manifestarse ninguna opinión diferente al respecto. Fue a través de la expresión definitiva de opiniones diferentes al respecto como sobrevino el daño a la (doctrina del) Tao”.
La primera de estas tres opiniones era la que el propio Chuang-tzŭ prefería. La expresión más condensada de la misma se encuentra en el libro XII, párr. 8:—«En el gran principio de todas las cosas no había nada en toda la vacuidad del espacio; no había nada que pudiera ser nombrado. Fue en este estado donde surgió la primera existencia; la primera existencia, pero aún sin forma corporal. A partir de esto pudieron producirse las cosas, (recibiendo) lo que llamamos sus distintos caracteres. Aquello que no tenía forma corporal se dividió, y entonces, sin interrupción, tuvo lugar lo que llamamos el proceso de concesión. (Los dos procesos) continuaron operando, y las cosas fueron producidas. A medida que se completaban, aparecían las líneas distintivas de cada una, a las que llamamos forma corporal. Dicha forma era el cuerpo que conservaba en su interior el espíritu, y cada cual tenía su manifestación peculiar a la que llamamos su naturaleza».
Tal fue la génesis de las cosas; la formación del cielo y de la tierra y de todo lo que en ellos hay, bajo la guía del Tao. Fue una evolución y no una creación. Cómo llegó el Tao mismo —no digo a la existencia, sino a la operación—, ni Lao ni Chuang pensaron jamás en decir nada al respecto. Hemos visto que no es nada material. Actuaba espontáneamente por sí mismo.