No hay nada en el mundo más blando y débil que el agua, y sin embargo, para atacar cosas firmes y fuertes no hay nada que pueda precederla; —pues no hay nada (tan eficaz) por lo que pueda ser cambiada.
Todo el mundo sabe que lo blando vence a lo duro y lo débil a lo fuerte, pero nadie es capaz de llevarlo a la práctica en la vida real.
Por tanto, un sabio ha dicho:
«Quien acepta el oprobio de su estado, es aclamado por ello señor de sus altares; a aquel que soporta las desdichas terribles de los hombres todos le conceden el nombre de Rey».
Las palabras que son estrictamente verdaderas parecen paradójicas.