Si pudiéramos renunciar a nuestra sabiduría y descartaos nuestro entendimiento, sería cien veces mejor para el pueblo.
Si pudiéramos renunciar a nuestra benevolencia y descartar nuestra rectitud, el pueblo volvería a ser filial y bondadoso.
Si pudiéramos renunciar a nuestros artificios ingeniosos y descartar nuestro (afán de) lucro, no habría ladrones ni bandidos.
Pensaron que el ayer faltó a la gracia y usó tales nombres para ocultar su inopia; mas miras simples y un llano y fiel andar sabrían de ambiciones y vicios prescindir.