CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/SiddharthaPublic
Página 114 de 154
Table of Contents

El barquero

Rápidamente, vino caminando, tomó a la mujer en brazos, la llevó a la barca, el muchacho corrió al lado, y pronto todos llegaron a la choza, donde Siddhartha estaba junto al fogón y justo encendía el fuego. Alzó la vista y primero vio el rostro del muchacho, que de manera maravillosa le recordó algo, como una advertencia para recordar algo que había olvidado. Luego vio a Kamala, a quien reconoció al instante, aunque yacía inconsciente en los brazos del barquero, y entonces supo que era su propio hijo, cuyo rostro había sido para él un recordatorio tan advertidor, y el corazón se le agitó en el pecho.

La herida de Kamala fue lavada, pero ya se había vuelto negra y su cuerpo estaba hinchado, la hicieron beber una poción curativa.

Su conciencia regresó, yacía en la cama de Siddhartha en la choza y, inclinado sobre ella, estaba Siddhartha, quien solía amarla tanto.

Le pareció un sueño; con una sonrisa, miró el rostro de su amigo; solo lentamente comprendió su situación, recordó la mordedura, llamó tímidamente al muchacho.

—Está contigo, no te preocupes —dijo Siddhartha.

Kamala looked into his eyes. She spoke with a heavy tongue, paralysed by the poison.

“You’ve become old, my dear,” she said, “you’ve become gray. But you are like the young Samana, who at one time came without clothes, with dusty feet, to me into the garden. You are much more like him, than you were like him at that time when you had left me and Kamaswami. In the eyes, you’re like him, Siddhartha. Alas, I have also grown old, old⁠—could you still recognise me?”

Siddhartha sonrió:

“Al instante te reconocí, Kamala, querida mía”.

114