seguir meditando en esto. Pero guárdate, oh buscador del saber, de la espesura de las opiniones y de las disputas sobre las palabras. Las opiniones no son nada, pueden ser bellas o feas, inteligentes o necias, cualquiera puede defenderlas o descartarlas. Mas las enseñanzas que de mí has escuchado no son ninguna opinión, y su meta no es explicar el mundo a quienes buscan el saber. Tienen una meta distinta; su meta es la salvación del sufrimiento. Eso es lo que enseña Gotama, nada
—Deseo que tú, oh excelentísimo, no te enojues conmigo —dijo el joven—. No te he hablado así para discutir contigo, para discutir sobre palabras. Tienes toda la razón, las opiniones son poca cosa. Pero déjame decirte una sola cosa más: no he dudado de ti ni por un solo momento. No he dudado ni por un solo momento de que eres Buda, de que has alcanzado la meta, la meta suprema hacia la cual tantos miles de brahmanes y de hijos de brahmanes están en camino. Has hallado la salvación de la muerte. ¡Te ha llegado en el curso de tu propia búsqueda, por tu propio camino, a través del pensamiento, de la meditación, de las realizaciones, de la iluminación. ¡No te ha llegado por medio de enseñanzas!
Y—tal es mi pensamiento, oh, excelentísimo—¡nadie obtendrá la salvación por medio de enseñanzas! ¡No podrás transmitir ni decir a nadie, oh, venerable, con palabras y mediante enseñanzas lo que te ha sucedido en la hora de la iluminación! Las enseñanzas del Buda iluminado contienen mucho, enseña a muchos a vivir rectamente, a evitar el mal. Pero hay una cosa que estas tan claras, tan venerables enseñanzas no contienen: no contienen el misterio de lo que el excelentísimo ha experimentado por sí mismo, él solo entre cientos de miles.
Esto es lo que he pensado y comprendido al escuchar las enseñanzas. Por esto sigo viajando, no para buscar otras enseñanzas mejores, pues sé