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El hijo

de enseñanzas, la historia de Siddhartha, el hijo de un brahmán, que una vez me contaste aquí mismo, en este preciso lugar? ¿Quién mantuvo al Samana Siddhartha a salvo del Samsara, del pecado, de la codicia, de la necedad? ¿Fueron la devoción religiosa de su padre, las advertencias de sus maestros, su propio saber, su propia búsqueda capaces de ponerlo a salvo? ¿Qué padre, qué maestro ha podido protegerlo de vivir su vida por sí mismo, de mancharse con la vida, de cargarse de culpa, de beber el trago amargo por sí mismo, de encontrar su camino por sí mismo? ¿Crees, querido amigo, que a alguien acaso se le pueda ahorrar el recorrer este camino? ¿Que tal vez a tu pequeño hijo se le ahorraría, porque lo amas, porque te gustaría apartarlo del sufrimiento, del dolor y de la desilusión? ¡Pero incluso si murieras diez veces por él, no podrías tomar sobre ti ni la más mínima parte de su

Nunca antes Vasudeva había pronunciado tantas palabras. Amablemente, Siddhartha le dio las gracias, entró preocupado a la choza, no pudo conciliar el sueño durante mucho tiempo.

Vasudeva no le había dicho nada que él mismo no hubiera pensado y sabido ya antes. Pero este era un conocimiento sobre el cual no podía actuar; más fuerte que el conocimiento era su amor por el muchacho, más fuerte era su ternura, su miedo a perderlo.

¿Había entregado alguna vez su corazón tanto a algo, había amado alguna vez así a persona alguna, tan ciegamente, con tanto sufrimiento, tan infructuosamente y, sin embargo, tan felizmente?

Siddhartha no pudo seguir el consejo de su amigo, no pudo renunciar al muchacho. Dejó que el muchacho le diera órdenes, dejó que lo

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