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nydus/SiddharthaPublic
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El hijo

Tímido y lloroso, el muchacho había asistido al funeral de su madre; sombrío y arisco, había escuchado a Siddhartha, quien lo saludó como a su hijo y lo recibió en su morada, en la cabaña de Vasudeva.

Pálido, se sentó durante muchos días junto a la colina de los muertos, no quiso comer, no dirigió una sola mirada franca, no abrió su corazón, hizo frente a su destino con resistencia y negación.

Siddhartha lo perdonó y dejó que hiciese lo que le plagiere, honró su duelo. Siddhartha comprendió que su hijo no lo conocía, que no podía amarlo como a un padre.

Lentamente, vio y comprendió también que el muchacho de once años era un niño mimado, un consentido de mamá, y que había crecido con los hábitos de la gente rica, acostumbrado a comidas más finas, a una cama blanda, acostumbrado a dar órdenes a los sirvientes.

Siddhartha comprendió que el niño afligido y mimado no podía contentarse de repente y por propia voluntad con una vida entre extraños y en la pobreza. No lo obligó, le hacía muchas de las tareas, siempre apartaba para él el mejor trozo de la comida. Lentamente, esperaba conquistarlo con una paciencia amistosa.

Rico y feliz, se había llamado a sí mismo, cuando el muchacho había llegado a él. Como entretanto había pasado el tiempo y el chico seguía siendo un extraño y de carácter sombrío, como mostraba un corazón orgulloso y tercamente desobediente, no quería hacer ningún trabajo, no respetaba a los ancianos, robaba de los árboles frutales de Vasudeva, entonces Siddhartha comenzó a comprender que su hijo no le había traído felicidad y paz, sino sufrimiento y preocupación.

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