pueden obrar milagros, pero no se le puede expresar con palabras ni enseñar. Esto fue lo que yo, ya desde joven, a veces sospeché, lo que me alejó de los maestros.
He encontrado un pensamiento, Govinda, que de nuevo considerarás una broma o una necedad, pero que es mi mejor pensamiento. Dice así: ¡Lo contrario de cualquier verdad es igual de verdadero!
Es decir: cualquier verdad solo puede expresarse y ponerse en palabras cuando es unilateral. Todo lo que puede pensarse con pensamientos y decirse con palabras es unilateral, todo es unilateral, tan solo una mitad, a todo le falta totalidad, redondez, unidad.
Cuando el ilustre Gotama hablaba en sus enseñanzas del mundo, tenía que dividirlo entre Sansara y Nirvana, entre el engaño y la verdad, entre el sufrimiento y la salvación. No se puede hacer de otro modo, no hay otro camino para quien quiere enseñar.
Pero el mundo en sí, lo que existe a nuestro alrededor y dentro de nosotros, nunca es unilateral. Una persona o un acto nunca son enteramente Sansara o enteramente Nirvana, una persona nunca es enteramente santa o enteramente pecadora.
Así parece en verdad, porque estamos sujetos al engaño, como si el tiempo fuera algo real.
El tiempo no es real, Govinda, esto lo he experimentado una y otra vez. Y si el tiempo no es real, entonces la brecha que parece haber entre el mundo y la eternidad, entre el sufrimiento y la bienaventuranza, entre el mal y el bien, es también un engaño.
—¿Cómo es eso? —preguntó Govinda con timidez.