Para aquel que se siente predestinado a la contemplación y no a la creencia, todos los creyentes son demasiado ruidosos e importunos; se pone en guardia contra ellos.
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Para aquel que se siente predestinado a la contemplación y no a la creencia, todos los creyentes son demasiado ruidosos e importunos; se pone en guardia contra ellos.