Aparece un nuevo orden de filósofos; me atreveré a bautizarlos con un nombre no exento de peligro. Por lo que alcanzo a comprenderlos, por lo que se dejan comprender —pues forma parte de su naturaleza el querer seguir siendo en cierto modo un enigma—, estos filósofos del futuro podrían con razón, y quizá también sin ella, reclamar ser designados como «tentadores». Este nombre es, después de todo, solo un ensayo o, si se prefiere, una tentación.
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42. Los filósofos del futuro
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