Hay un punto en toda filosofía en el que la «convicción» del filósofo hace su aparición; o, para decirlo en las palabras de un antiguo misterio:
Adventavit asinus, Pulcher et fortissimus.
Hay un punto en toda filosofía en el que la «convicción» del filósofo hace su aparición; o, para decirlo en las palabras de un antiguo misterio:
Adventavit asinus, Pulcher et fortissimus.