Nuestros más hondos discernimientos deben —y deberían— aparecer como necedades, y bajo ciertas circunstancias como crímenes, cuando llegan sin autorización a los oídos de aquellos que no están dispuestos ni predestinados para ellos. Lo exotérico y lo esotérico, tal como los filósofos los distinguían antiguamente —entre los indios, así como entre los griegos, persas y musulmanes, en suma, dondequiera que la gente creyera en gradaciones de rango y no en la igualdad y los derechos iguales— no se hallan tanto en contradicción mutua respecto a la clase exotérica, que permanece afuera y observa, valora, mide y juzga desde el exterior, y no desde el interior; la distinción más esencial es que la clase en cuestión contempla las cosas desde abajo hacia arriba—mientras que la clase esotérica las contempla desde arriba hacia abajo.
Hay alturas del alma desde las cuales la tragedia misma ya no parece obrar trágicamente; y si se reunieran todos los dolores del mundo, ¿quién se atrevería a decidir si su vista seduciría y obligaría necesariamente a la compasión, y con ello a una duplicación del dolor? …
Lo que sirve a la clase superior de los hombres como alimento o refrigerio, debe ser casi un veneno para una estirpe de seres humanos enteramente diferente e inferior. Las virtudes del hombre común significarían tal vez vicio y debilidad en un filósofo; bien pudiera ser que un hombre altamente desarrollado, suponiendo que degenerara y se arruinase, adquiriera por ello solo cualidades en virtud de las cuales tendría que ser honrado como un santo en el mundo inferior en el que se hubiera hundido.
Hay libros que tienen un valor inverso para el alma y para la salud según que el alma inferior y la vitalidad más baja, o las más altas y poderosas, se sirvan de ellos.
En el primer caso son libros peligrosos, perturbadores, desasosegantes; en el segundo son llamadas de heraldos que convocan a los más valientes a su valentía.
Los libros para el gran público huelen siempre mal; se les pega el hedor de la gente vulgar. Donde la chusma come y bebe, e incluso donde venera, suele apestar.
No se debe entrar en las iglesias si se quiere respirar aire puro.