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nydus/Beyond Good and EvilPublic
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Que las ideas filosóficas separadas no son nada opcional ni de evolución autónoma, sino que crecen en conexión y relación unas con otras, que, por muy repentina y arbitrariamente que parezcan aparecer en la historia del pensamiento, pertenecen no obstante tan enteramente a un sistema como los miembros colectivos de la fauna de un continente —delata al fin la circunstancia de cuán infaliblemente los más diversos filósofos vuelven a completar siempre un esquema fundamental determinado de filosofías posibles. Bajo un hechizo invisible, giran siempre una vez más en la misma órbita, por muy independientes que se sientan los unos de los otros con sus voluntades críticas o sistemáticas; algo en su interior los guía, algo los impelía en orden determinado los unos tras los otros⁠—a saber, la metodología innata y el parentesco de sus ideas.

Su pensamiento es, en efecto, mucho menos un descubrimiento que un reconocimento, un recuerdo, un retorno y una vuelta al hogar de una remota y antigua casa común del alma, de la cual brotaron otrora aquellas ideas: filosofar es, hasta ese punto, una especie de atavismo del orden más elevado.

El maravilloso parecido de familia de todo filosofar indio, griego y alemán se explica con bastante facilidad. De hecho, cuando existe afinidad de lengua, debida a la filosofía común de la gramática —quiero decir, debida al dominio y guía inconscientes de funciones gramaticales similares—, es inevitable que todo esté preparado desde el principio para un desarrollo y una sucesión similares de los sistemas filosóficos, del mismo modo que el camino parece vedado a ciertas otras posibilidades de interpretación del mundo. Es altamente probable que los filósofos dentro del dominio de las lenguas uralo-altaicas (donde la concepción del sujeto está menos desarrollada) miren de otro modo «al mundo», y se halle que están en caminos de pensamiento diferentes de los de los indogermanos y musulmanes; el hechizo de ciertas funciones gramaticales es, en última instancia, también el hechizo de las valoraciones fisiológicas y de las condiciones racionales.⁠—Baste esto a modo de rechazo de la superficialidad de Locke en lo que respecta al origen de las ideas.

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