Es asunto de muy pocos ser independientes; es un privilegio de los fuertes. Y quien lo intenta, aun con el mejor derecho, pero sin estar obligado a ello, demuestra que probablemente no solo es fuerte, sino también osado sin medida.
Entra en un laberinto, multiplica por mil los peligros que la vida de por sí ya trae consigo; y no es el menor de ellos que nadie puede ver cómo ni dónde pierde el camino, se aisla y es devorado pedazo a pedazo por algún minotauro de la conciencia.
Suponiendo que tal hombre perezca, está tan lejos de la comprensión de los hombres que estos ni lo sienten ni se compadecen de él. ¡Y ya no puede volver atrás! ¡Ni siquiera puede volver a la compasión de los hombres!