CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/The Divine ComedyPublic
Page 225 of 404
Table of Contents

Canto XVIII

peso; por lo cual yo, que razón manifiesta y clara en respuesta a mis preguntas había recibido, estaba como un hombre en somnolienta ensoñación. Mas me fue quitada esta somnolencia repentinamente por una gente que a espaldas ya nos había dado la vuelta. Y como antiguamente Ismeno y Asopo vieron a su lado de noche el tropel y el tumulto, si los tebanos tenían necesidad de Baco, así curvan sus pasos a lo largo de aquel círculo, por lo que vi de aquellos que se nos acercaban, a quienes guían la buena voluntad y el recto amor. Bien pronto estuvieron junto a nosotros, porque corriendo se movía toda esa muchedumbre poderosa, y dos a la cabeza gritaban, lamentándose: «¡María corrió con prisa a la montaña, y César, para someter a Ilerda, atacó Marsella y luego corrió a España!». «¡Pronto, pronto! ¡Para que el tiempo no se pierda por poco amor!», gritaban a continuación los demás, «¡porque el ardor en el bien obrar refresca la gracia!». «¡Oh gente, en quien un fervor impaciente ahora suple tal vez la demora y la negligencia puesta por vosotros en el bien obrar debido a la tibieza, este que vive —y ciertamente no miento— querría subir, con tal que el sol nos relumbre; decidnos, pues, dónde está el paso más cercano». Estas fueron las palabras de quien era mi Guía; y uno de aquellos espíritus dijo: «Venid tras nosotros, y hallaréis la abertura; tan deseosos estamos de movernos que no podemos detenernos; por tanto, perdonadnos si por grosería tomáis nuestra justicia. Yo fui abad de San Zenón en Verona, bajo el imperio del buen Barbarroja, de quien aún la doliente Milán conversa; y ya tiene un pie en la fosa aquel que pronto habrá de lamentar aquel monasterio y arrepentirse de haber tenido allí poder, porque a su hijo, enfermo de todo el cuerpo y peor de la mente, y que nació malvado, puso en el lugar de su verdadero pastor».

225