experiencia de esta dulce vida y de su opuesta. El que sigue en la circunferencia de que hablo, en su arco más alto, pospuso la muerte por sincera penitencia; ahora sabe que el juicio eterno no sufre ningún cambio, aunque la oración digna haga abajo que el mañana sea hoy. El siguiente que le sigue, con las leyes y conmigo, bajo la buena intención que dio fruto malo se hizo griego al ceder al pastor; ahora sabe cómo todo el mal deducido de su buena acción no le es perjudicial, aunque el mundo por ello sea destruido. Y aquel a quien ves en el arco descendente fue Guillermo, a quien deplora la misma tierra que aún llora a Carlos y a Federico vivos; ahora sabe cuán enamorado está el cielo de un rey justo; y en el aspecto exterior de su fulgor aún lo revela. ¿Quién creería, allá abajo en el mundo errante, que el troyano Rifeo en este corro pudiera ser el quinto de las luces santas? Ahora conoce bastante de lo que el mundo no tiene el poder de ver de la gracia divina, aunque su vista no discierna el fondo». Como alondra que en el aire se explaya, cantando primero y luego callando contenta de la última dulzura que la sacia, tal me pareció la imagen de la impronta del placer eterno, por cuya voluntad todo se vuelve aquello que es. Y no obstante que ante mi duda yo era como el vidrio ante el color que lo reviste, a esperar el tiempo en silencio no resistió, sino que de mi boca: «¿Qué cosas son estas?», extorsionó la fuerza de su propio peso; por lo que vi una gran alegría de coruscación. Después de eso, con el ojo aún más encendido, el estandarte bendito me dio respuesta, para no tenerme en suspenso de asombro: «Veo que crees en estas cosas porque las digo, pero no ves cómo; de modo que, aunque creídas, están ocultas. Haces como quien una cosa por su nombre bien comprende, pero su quididad no puede percibir, a menos que otro se la muestre. El reino de los cielos padece violencia de un amor ferviente, y de esa viva esperanza que vence a la divina voluntad; no al modo en que el hombre vence al hombre, sino que la vence porque quiere ser vencida, y vencida vence con su benignidad. La primera vida de la ceja y la quinta te causan asombro, porque con ellas ves pintada la región de los ángeles. No salieron de sus cuerpos, como piensas, paganos, sino cristianos con la fe
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Canto XX
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