A los hombres mortales por diversos pasos se alza la lámpara del mundo; mas por aquel que cruza cuatro círculos con tres cruces, con mejor curso y con mejor estrella unida sale, y la cera mundana templa y estampa más a su modo. Casi ese paso había hecho la mañana allí y la tarde aquí, y era totalmente blanco aquel hemisferio y negro el otro, cuando a Beatriz hacia el lado izquierdo vi volverse, y mirando al sol; ¡jamás águila se fijó tanto en él! Y así como un segundo rayo suele brotar del primero y reascender, como peregrino que querría volver, así de su acto, infundido por los ojos en mi imaginación, hice el mío, y al sol fijé los ojos más que de costumbre. Allí es lícito mucho que aquí no lo es para nuestras facultades, en virtud del lugar hecho propio para la especie humana. No lo soporté mucho, ni tan poco que no lo viese chispear en torno como hierro que sale candente del fuego; y de repente pareció que día a día se añadía, como si Quien puede todo hubiese adornado el cielo con otro sol. Con los ojos en las ruedas eternas estaba Beatriz toda atenta, y yo, en ella fijando mi visión apartada de lo alto, fui interiormente tal a su aspecto como Glauco al probar la hierba que lo hizo igual a los otros dioses bajo el mar. Representar el transhumanar con palabras es imposible; baste, pues, el ejemplo aquel a quien la Gracia reserva la experiencia. Si yo era tan solo lo que de mí creaste de nuevo, ¡oh Amor que gobiernas el cielo, tú lo sabes, que me alzaste con tu luz! Cuando la rueda que tú haces eterna al desearte, me hizo atento a ella con la armonía que modulas y mides, me pareció entonces que tanto cielo encendían la llama del sol, que ni lluvia ni río hicieron jamás un lago tan extendido.
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Canto I
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