mi propio afecto no es tan profundo como para bastar en rendir gracia por gracia; responda a ello Aquel que ve y que puede. Bien percibo que jamás se sacia nuestro intelecto si no lo ilumina la Verdad, fuera de la cual ninguna verdad se explaya. En ella descansa, como fiera en su cubil, cuando la alcanza; y alcanzarla puede; si no, todo deseo sería frustrado. Por eso brota, a modo de retoño, la duda al pie de la verdad; y esto es naturaleza, que de altura en altura nos empuja hacia la cima. Esto me invita, esto me da la seguridad, con reverencia, Señora, de preguntaros otra verdad que me es oscura. Quiero saber si el hombre puede satisfaceros por los votos rotos con otras obras buenas, de modo que en vuestra balanza no resulten leves». Beatriz me miró con sus ojos llenos de centellas de amor, y tan divinos, que, vencida mi fuerza, volví las espaldas y casi me perdí con los ojos baxos.
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Canto IV
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