alrededor de este consistorio mucho puedes contemplar, si estas mis palabras son recogidas, sin ninguna otra ayuda. Pero puesto que en la tierra, por vuestras escuelas, se enseña que tal es la naturaleza angélica que oye, recuerda y quiere, más te diré, para que veas sin mezcla la verdad que allí abajo se confunde, equivocándose en tales lecciones. Estas sustancias, puesto que en el rostro de Dios estaban jocundas, no apartaron la mirada de aquello de lo cual nada se oculta; de ahí que su visión no sea interceptada por objeto nuevo, y por tanto no necesitan recordar mediante un pensamiento interrumpido. De modo que abajo sueñan sin dormir, creyendo decir la verdad y no creyéndola; y en esto último hay mayor pecado y vergüenza. Abajo vosotros no marcháis por un solo sendero filosofando; tanto os transporta el amor a la apariencia y el pensamiento de ella. Y aun esto aquí arriba se tolera con menos desdén que cuando se soslaya la Escritura Sagrada o se la distorsiona. No se piensa allí cuánto cuesta de sangre sembrarla en el mundo, y cuánto agrada el que en la humildad se allega a ella. Cada cual brega por la apariencia y hace sus propias invenciones; y estas son tratadas por los predicadores, y el Evangelio calla. Uno dice que la luna se volvió atrás en la Pasión de Cristo, y se interpuso de modo que la luz del sol no llegó abajo; y miente; pues la luz por propia voluntad se ocultó; por lo que a los españoles y a los indios, así como a los judíos, alcanzó tal eclipse. Florencia
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Canto XXIX
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