¡Oh esplendor de Dios! por cuyo medio vi el alto triunfo del reino veraz, ¡dame la fuerza para contar cómo lo vi! Hay una luz arriba, que visible hace al Creador a toda criatura, que solo en mirarle tiene paz, y se expande en forma circular de tal tamaño, que su circunferencia sería una cintura demasiado grande para el sol. La apariencia de ella está toda hecha de rayos reflejados en la cumbre del Primum Mobile, que toma de allí vitalidad y poder. Y como un monte en el agua a su base se mira, como para ver su hermosura cuando más abundante es en verdor y flores, así, puestos en alto todo en torno a la luz, mirados vi en más de mil órdenes a todos los que de nosotros han regresado allá arriba. Y si el orden más bajo encierra en sí tanta luz, ¡cuán vasta es la amplitud de esta Rosa en sus hojas extremas! Mi visión en la vastedad y en la altura no se perdió, sino que abarcó todo el cuanto y el cual de aquella alegría. Allí lo cerca y lo lejos ni añade ni quita; pues allí donde Dios gobierna inmediatamente, la ley natural en nada es relevante. En el amarillo de la Rosa Eterna que se expande, y se multiplica, y exhala olor de alabanza al Sol siempre verenal, como quien calla y quisiera hablar, me atrajo Beatriz y dijo: “¡Mira cuán grande es el convento de las blancas estolas! ¡Mira cuán vasto es el circuito de nuestra ciudad! ¡Mira nuestros asientos tan colmados que de aquí en adelante poca gente falta! En aquel gran trono sobre el que fijos están tus ojos por la corona que ya está puesta sobre él, antes de que cenas en estas bodas se sentará el alma (que ha de ser Augusto en la tierra) del noble Enrique, que vendrá a enderezar a Italia antes de que esté preparada. La ciega codicia que os embruja os ha hecho semejantes al niñito que muere de hambre y ahuyenta a la nodriza. Y entonces será en el foro sagrado un Prefecto tal, que abierta o encubiertamente no irá con él por el mismo camino. Pero por mucho tiempo Dios no lo sufrirá en el santo oficio; será precipitado allí donde Simón el Mago está por sus méritos, ¡y hará descender aún más al de Alagna!”
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Canto XXX
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