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nydus/The Divine ComedyPublic
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Canto XI

Entre el Tupino y el arroyo que baja del monte electo del bienaventurado Ubaldo, cuelga un fértil declive de alto monte, desde el cual Perugia siente el frío y el calor por la Porta Sole, y detrás de ella lloran Gualdo y Nocera su yugo pesado. De aquel declive, allí donde rompe más su pendiente, nació al mundo un sol, como este hace a veces desde el Ganges; por tanto, quien hable de aquel lugar, no diga Asís, que diría poco, sino Oriente, si propiamente quiere hablar. No estaba aún muy distante de su orto cuando comenzó a hacer que la tierra alguna comodidad sintiera de su gran virtud. Pues en su juventud incurrió en la ira del padre por cierta Dama a quien, como a la muerte, la puerta del placer nadie le abre; y ante su corte espiritual et coram patre se unió a ella; después, día a día con más fervor la amó. Ella, despojada de su primer marido, desdeñada, obscura, mil y cien años y más, esperó sin pretendiente hasta que él llegó. De nada valió oír que con Amiclas la halló inmóvil al oír su voz aquel que infundió terror a todo el mundo; de nada valió ser constante e intrépida, tanto que, cuando María se quedó abajo, ¡subió con Cristo a la cruz! Mas para que no proceda con demasiado misterio, a Francisco y a la Pobreza por estos dos amantes toma de aquí en adelante en mi discurso difuso. Su concordia y sus gozosos semblantes, el amor, la maravilla y el dulce mirar, hicieron que fuesen causa de santos pensamientos; tanto que el venerable Bernardo se descalzó el primero y tras tan gran paz corrió, y, corriendo, se creyó demasiado lento. ¡Oh riqueza desconocida! ¡Oh bien verdadero! ¡Se descalza Gil, y se descalza Silvestre tras el novio: ¡tanto agrada la novia! Luego emprende su marcha aquel padre y aquel maestro, él y su Dama y aquella familia que ahora se iba ciñendo el humilde cordón; ni la cobardía del corazón abatió su frente por ser hijo de Pedro Bernardone, ni por parecer

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