Como en la naturaleza nunca puede ser infinitamente grande, no tendrá un valor finito a menos que difiera de cero en un intervalo finito de frecuencias.
De ahí que en la naturaleza no exista radiación luminosa o térmica absolutamente homogénea o monocromática. Una cantidad finita de radiación contiene siempre un intervalo del espectro finito, aunque posiblemente muy estrecho.
Esto implica una diferencia fundamental con los fenómenos acústicos correspondientes, donde una intensidad sonora finita puede corresponder a una sola frecuencia definida. Esta diferencia es, entre otras cosas, la causa de que el segundo principio de la termodinámica tenga una importancia capital para los rayos de luz y de calor, pero no para las ondas sonoras. Esto se discutirá más adelante con mayor detalle.