Ahora es fácil establecer la relación de los dos principios de la termodinámica con los procesos irreversibles aquí considerados.
Consideremos primero la conservación de la energía. Si no hay ningún oscilador en el campo, cada uno de los haces elementales, en número infinito, conserva, durante su propagación rectilínea, tanto su intensidad específica como su energía sin alteración, aun cuando se refleje en la superficie, supuesta plana y reflectante, que delimita el campo ([sect:166.] Secc. 166).
El sistema de osciladores, por otra parte, produce un cambio en los haces incidentes y, por consiguiente, también un cambio en la energía de la radiación propagada en el campo. Para calcular esto solo necesitamos considerar aquellos rayos monocromáticos que se encuentran próximos a la frecuencia natural de los osciladores, ya que el resto no es alterado en absoluto por el sistema.
El sistema es incidido en la dirección dentro del elemento cónico que converge hacia el sistema de osciladores por un haz polarizado de un modo arbitrario, cuya intensidad viene dada por la suma de las dos intensidades principales y . Este haz, de acuerdo con la [sect:182.] secc. 182, transporta la energía al sistema en el tiempo ; por tanto, esta energía es sustraída del campo de radiación por el lado de los rayos que llegan dentro de . Como compensación, emerge del sistema por el otro lado en la misma dirección un haz polarizado de un modo determinado, cuya intensidad viene dada por la suma de las dos componentes y . Mediante él, una cantidad de energía se añade al campo de radiación. De este modo, en suma, el cambio de energía del campo de radiación en el tiempo se obtiene restando la primera expresión de la segunda e integrando con respecto a . Así obtenemos o bien, teniendo en cuenta la [eqn:(330)] (330), la [eqn:(335)] (335) y la [eqn:(338)] (338)