En cuanto finalmente a los cambios de dirección que el rayo incidente experimenta por reflexión en el reflector móvil, no necesitamos calcularlos en absoluto en esta fase.
Pues si el movimiento del reflector tiene lugar con la suficiente lentitud, todas las irregularidades en la dirección de la radiación se compensan inmediatamente mediante una nueva reflexión en las paredes del vaso. Podemos, en efecto, considerar todo el proceso como realizado en un número muy grande de cortos intervalos, de tal manera que el émbolo, después de haberse movido una distancia muy pequeña con una velocidad muy pequeña, se mantiene en reposo durante un tiempo, a saber, hasta que todas las irregularidades producidas en las direcciones de la radiación hayan desaparecido como resultado de la reflexión en las paredes blancas del cilindro hueco.
Si este procedimiento se lleva a cabo durante el tiempo suficiente, la compresión de la radiación puede continuarse hasta una fracción arbitrariamente pequeña del volumen original y, mientras esto se hace, la radiación puede considerarse siempre como uniforme en todas las direcciones. Este proceso continuo de compensación se refiere, por supuesto, únicamente a la diferencia en la dirección de la radiación; pues los cambios en el color o en la intensidad de la radiación, por pequeños que sean, una vez ocurridos, es evidente que nunca podrán compensarse mediante la reflexión en paredes estacionarias totalmente reflectoras, sino que continúan existiendo para siempre.