El mar sin una sola mancha, pensó Lily Briscoe, que seguía de pie mirando hacia la bahía. El mar se extiende como la seda sobre la bahía. La distancia tenía un poder extraordinario; se habían visto devorados por ella, sentía, habían desaparecido para siempre, habían pasado a formar parte de la naturaleza de las cosas. Estaba tan tranquilo; estaba tan silencioso. El vapor mismo se había desvanecido, pero el gran rollo de humo aún pendía en el aire y caía lánguidamente como una bandera en triste despedida.
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IX
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